Era una noche clara y fría del mes de Noviembre;
el cielo estaba despejado de nubes,
un viento suave movía las ramas de los árboles,
facilitando la caída de las pocas hojas que todavía les quedaban.
Acurrucada entre las sabanas de mi cama, intentaba dormir, estaba desvelada.
De pronto, a través de las cortinas, un pequeño destello,
que poco a poco se hizo mas fuerte.
Me levante, corrí las cortinas y vi una estrella,
entre todas era la que mas brillaba y con sus destellos
intermitentes me llamaba.
Sí, eras tú, que en mi noche de desvelo, desde allí, me acompañabas.
Tú y todos los que amé y se fueron. Pero junto a mi, en esa noche fría de Noviembre, paz, sosiego, compañía y alegría, aquella estrella me trajo con sus destellos.
¡Amor! ¿Qué es el amor?,
pregunta un niño a su padre.
¡Que qué es el amor, preguntas!.
Es lo mas grande y hermoso.
Tú lo sientes desde que naces.
Son los brazos de tu madre,
sus cuidados y ternura al besarte.
Amor es que hayas nacido.
Amor y orgullo el que siento
de que seas hijo mío.
Amor es lo que sientes por tus padres,
por tu esposa, por tus amigos.
Amor es creer en Dios y obrar bien.
Esto, de verdad hijo mío, es el amor.
Otoño, de colores cálidos,
marrones, amarillos, dorados,
rojos y anaranjados,
inspiración de pintores,
musa de colorido y belleza,
de armonía, magia y grandeza.
Y en las tardes soleadas
cuando el sol entre los arboles penetra,
es algo sublime el gozo de ver
la hermosura de la naturaleza.
Otoño, querida estación,
entre dos extremos estás,
apaciguando y preparando
con tu belleza y encanto,
calor y frio, amarillo y blanco.