En la hora que yo vengo a la cafetería y me siento en mi rincón favorito junto a la cristalera.Es la hora que se encienden las farolas, dando al bulevar un aspecto romántico.
Sobre todo en estos días de finales de Invierno; cuando en la calle el tiempo es desapacible.
Sentada en mi mesa favorita con una taza de café; exquisitamente servida, escuchando una música maravillosa y alumbrada por una luz tenue; me siento relajada y feliz.
Unas cuantas persona que como yo; buscan la tranquilidad que se respira a esta hora, conversan casi en susurro. Quizás para no romper el encanto de este sitio. A media tarde cuando empieza anochecer.
Recuerdo otro rincón maravilloso; detrás del museo del Louvre París. En aquellos soportales, donde mi hija y yo íbamos a merendar. "Angélica" nunca se me olvidé del nombre.¡Cuántos años han pasado!
Hoy sigo con mis viajes, pero más espaciados. Creo que tengo
aquí, todo lo que se puede desear. Proyectos, actividades, y una vida muy llena para no aburrirme.
Estoy muy agradecida a Dios por todo.

